•El movimiento anunciado para el 9 de marzo es el inicio de una rebelión masiva en México
•Luego del paro del “en el 9 nadie se mueve” puede venir el sonar de ollas, sartenes y charolas
•Ojo, así cayó el presidente socialista Salvador Allende, quien llegó al poder tras varios intentos, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
Ángel Gabriel Fernández
I
Un escritor le preguntaba al general panameño Omar Torrijos quienes eran esos hombres que armados con palos y machetes salían a las calles a protestar; el general contestaba “son unos revoltosos”. Entonces el escritor le dijo:
– Así empiezan las revoluciones
II
El movimiento femenil convocado para el 9 de marzo, al que ya se le dio el nombre “el 9 nadie se mueve”, debe dejar de ser visto como una mera puntada o un disparate, porque si bien es cierto que hay hombres que pueden realizar las labores de las mujeres, tanto en las oficinas como en las cocinas, también es cierto que puede generar un antecedente porque sería el primer paro masivo en la historia moderna de México. Y este se daría en plena Cuarta Transformación.
Cuando las clases populares se levantan, cuando buscan formas ruidosas, estridentes o novedosas de manifestarse, es que algo está pasando; mejor dicho, algo no está pasando. En este caso, la gran mayoría de mujeres ya necesita hacer escuchar su voz.
“También las mujeres pueden y además no se andan con cosas…cuando se enojan son fieras, esas caritas hermosas”, dice una canción de los Hermanos Hernández de Rosa Morada Mocorito, Sinaloa, mejor conocido como Los Tigres del Norte.
El paro feminista es apenas el principio, podría ser el principio del fin de un México abúlico, al que le han robado su voluntad y a cuyos ciudadanos en plena Cuarta Transformación los arrastran y cuando alguien arrastra corre el peligro de ser pisoteado y escupido.
No se ha dicho nada, pero luego del “nueve nadie se mueve”, podrían venir los cacerolazos o caceroleadas, una manera de protestar de manera ruidosa pero pacífica. El mayor cacerolazo en América Latina se dio el 11 de septiembre de 1973 en la república de Chile, cuando los ciudadanos, en su mayoría mujeres hicieron sonar cacerolas, ollas, sartenes y cucharas, en protesta por las condiciones económicas y desabasto de artículos básicos en ese país.
Cualquier parecido con la realidad en México sería pura coincidencia, pues en ese entonces en Chile gobernaba Salvador Allende, quien llegó al poder tras varios fallidos intentos y quién a raíz de las protestas cayó para dar paso a la dictadura de de Augusto Pinochet.
III
En México habrá que “tantearle el agua a los camotes”. Hay desabasto de medicamentos y los feminicidios están a la orden del día.
Está comprobado que todo lo que sube tiene que bajar. Las alturas aminoran la visión y la respiración, por eso los pilotos de las naves espaciales llevan lentes especiales y mascarillas con oxígeno. Los que andan en las alturas, no ven a los que están abajo o como dijera José Alfredo Jiménez: “Yo pa’riba volteo muy poco, tú pa’abajo no sabes mirar”.
Es más recomendable ir descendiendo poco a poco de las montañas que caer de un sopetón. Es mejor bajar que caerse.
El paro masivo de mujeres y quizá después un cacerolazo, puede ser un aviso para la Cuarta Transformación.